Futbolistas filósofos (II). El costado
El lenguaje del fútbol es un lenguaje básicamente metáforico, que utiliza muchas otras terminologías y léxicos, de muy distinta procedencia y significado, para su propio uso, dependiendo del lugar o campeonato o de la situación como por ejemplo la terminología bélica o la médica, entre otras muchas.
De un tiempo a esta parte, desde el momento en que todos estos futbolistas filósofos, con el Sumo Sacerdote a la cabeza, ocupan los micrófonos de los medios de comunicación deportivos, se ha pasado de estas típicas y tópicas expresiones futbolísticas a una leguaje cuasi poético y rimbombante que deja de piedra al forofo que está espatarrado en el sofá de su casa o apalancado en la barra del bar contemplando el partido de turno con una cerveza en la mano, aunque lo que este viendo sea el Archidona-Mazarrón y lo haga desde Lugo.
Cerveza que se le agria en cuanto el locutor, el entrenador del equipo de sus colores, el directivo o, sobre todo, el futbolista filósofo se refieren al club de fútbol como “la entidad”, o se hable del núcleo central y razón de ser del club, es decir, de los futbolistas, como “el grupo”. O cuando Valdano pontifica uno de sus topicazos mas famosos: “Dio un pase a la red”, frase rumbosa que suelta cuando algún futbolista, especialmente los de su gusto, mete un gol. Como si la red fuera un jugador más que recibe el pase de un poeta. Por eso se agradece que aún quede algún locutor jurásico que hable de trallazo, chupinazo, pepinazo o cañonazo, términos todos ellos incluidos en el Diccionario de la Real Academia como lanzamiento o disparo muy potente y fuerte en dirección a la portería contraria.
Y debemos mantener esta terminología porque, nosotros, los futboleros españoles todavía podemos hablar así: en plan guerrero. No como los alemanes, que desde la 2ª Guerra Mundial no hablan de fútbol en términos bélicos. A ningún alemán se le ocurre decir eso de “El balón se quedó muerto en el punto fatídico y el delantero centro fusiló al guardameta sin oposición”.
Como hay mucho erudito y mucho experto tanto en materia lingüística como futbolística que se dedica a esto del lenguaje y el fútbol con mas propiedad que servidor, únicamente me voy a centrar en una única palabra de amplio uso en las cadenas, especialmente las televisivas.
El costado. Joder con el costado. El gran Arsenio Iglesias apareció un buen día por la capital a dirigir al Real Madrid y, aparte de sentar en el banquillo a Raúl, le recuerdo porque fue el primer futbolero al que escuché hablar del “costado” en un campo de fútbol. No sé muy bien con motivo de qué, se le ocurrió semejante dislate. Igual venía pensando en gallego y acabó traduciendo mal sus pensamientos. Puede que pensara que su equipo era como el ejército romano en la Guerra de la Galias; y él era Julio César dirigiendo los flancos de sus escuadras. O quizás se le vino a la memoria otra acepción de costado, que, visto lo visto, estaba más acorde con aquella realidad: mandaba en una embarcación a punto de hundirse porque le entraba el agua por los costados.
O a lo peor, es que no quería ni mentar la banda, porque aquel equipo madridista no era un equipo, más bien era una banda, pero ni siquiera una banda de pueblo de cuatro gaitas y un tambor y, mucho menos, una banda mafiosa.
En cualquier caso, la realidad es que la palabra, dicha o no por Arsenio por vez primera, tuvo fortuna y desde entonces, no hay zampabollos futbolero que no la suelte cuarenta veces en la retrasmisión de un partido. Le sucedió lo mismo, dos años después, a otro sabio, en este caso literario. Miguel Delibes, en su novela “El Hereje” se le ocurrió incluir una expresión prácticamente abandonada del castellano: “a espetaperro” (DRAE: De estampía, súbitamente y con mucha precipitación). Aparecer la novela y empezar a proliferar esta expresión en crónicas periodísticas de todo pelaje fue todo uno. Viniera o no viniera a cuento.
Ahora mismo, los mediocampistas no lanzan pases precisos de 40 metros a la banda contraria…lo lanzan al otro costado. Los defensas no basculan a la banda en función de por dónde ataque el equipo contrario… basculan al costado. Los equipos no se abren a las bandas y ensanchan el campo. No, ahora ensanchan el costado y se vuelven gordos y fofos.
Y la apocalipsis final, consecuencia de la desaparición de las bandas: Ya no quedan extremos. Una desgracia. Llevamos unos años en los que los medios futbolísticos se quejan de que ya ningún equipo juega con extremos en España. Los extremos son una raza en extinción, por decirlo con otro tópico ¿Como va a haber extremos que corran la banda, si no hay bandas? Hay costados. ¿Es que acaso alguien piensa que Gento corría el costado en vez de la banda? Correr el costado es complicado, muy complicado. ¿O es que Estanis Argote driblaba en el costado? Más que futbolista, para driblar en el costado hay que ser equilibrista. O tener una parienta que se deje driblar en su costado. Ya no quedan extremos que jueguen en banda, pegados a la cal como mi amigo Joselito, fino carrilero diestro del Villaviciosa de Odón, al que la temprana desaparición de las bandas y su dedicación a la geotecnia truncó una prometedora carrera como extremo merengue.



